Que no te engañe mi nombre,
pues he venido a ayudarte.
Soy el destino de los hombres,
lo que menos quiero es matarte,
pero tampoco quiero verte
en calidad de superviviente.
¡Mi nombre es engañoso!
Pero miralo atentamente.
Te confieso, soy bondadoso,
pero no soy ni hombre ni viviente.
No te fies de mis consejos.
Si hablo, quédate lejos.
Pero si me oyes y me crees
Y no haces caso de lo que ves.
Ves tus ojos y no los lees.
Te equivocas y caes al vacío.
¡Yo no admito desafíos!
¡Esta alma no irá al cielo!
¡Nunca se la cederé al viejo
que presume de ser bueno
pero es como yo o más fiero!
Si te caes al mar, yo luego
no te salvaré. Confieso
que en agua yo soy de yeso.
Yo no sé que hacer en eso…
Me contradigo, porque ya soy viejo,
pero si caes escucha este consejo:
Cuando tu vida no está del todo destrozada
en mar abierto siempre hubo boyas que flotaban.
Los espíritus estamos aquí para oirte gritar…


